• La responsabilidad de un yogi

No hay asanas que puedan contrarrestar los efectos negativos de la mala voluntad. No hay respiración que nos pueda llenar de prana sanador cuando estamos disconformes. Pararse de cabeza cuando la mente está divagando tiene poco beneficio y si la mente esta divagando entre envidia y competición, el brillo de la postura no solo será desperdiciado sino que infectará el cuerpo donde habitan esos pensamientos. No podemos encontrar satisfacción en la vida tan solo por poner el cuerpo bello y fuerte. El cuerpo reflejará los pensamientos que lo gobiernan. Por lo tanto es una verdad yóguica que tenemos que observar nuestras motivaciones y nuestras aberraciones mentales, aumentando nuestra capacidad de observación de qué y quién estamos proyectando desde nuestro entendimiento. No podemos depender para nuestra felicidad o gozo de la grandeza de nuestros logros, ya sean de nuestro intelecto, nuestro arte, nuestra profesión o nuestro despliegue atlético. Éstas fortunas temporales no son del todo honestas cuando nos prometen gozo y felicidad, se malinterpretan haciéndose ver como permanentes, siendo que son un placer breve y momentáneo del ego. Que egocéntrico y corto de miras es un pensamiento que clama ser dueño de un talento o de una inspiración. Que poco significado tiene una cuenta de banco llena de dinero para comprar una casa pero no el amor en ella, con una gran vista pero sin poder apreciarla. Escribo esto porque mi mente no ha podido jugarme trucos hace un tiempo, aunque lo hace a veces. Es este egoísta malentendido acerca de donde es que la felicidad y el contentamiento residen que me ha hecho desperdiciar muchos días con dolor e indignación. Cuando vemos nuestra práctica de yoga como un mero ejercicio o la vemos como definiendo quienes somos, no estamos mirando lo suficientemente profundo. Con este trato hacia las fuerzas de la naturaleza, les hacemos una seña al destino para que nos lleve a un oscuro vacío. Por otro lado si practicamos yoga sabiendo que con cada momento de conciencia pura y de devoción, con propósito y pensando en Dios y en la humanidad, usamos las mismas fuerzas y llenan nuestro ser con luz y realización.

Nuestra práctica en vez de definirnos, pregunta y responde a la pregunta quien soy y por qué estoy aquí. No hay una promesa de una vida mejor que esta o un momento mejor que el ahora simplemente por el hecho de retener nuestra respiración mas segundos o estirarnos algunas pulgadas mas adelante. Pero con amor en nuestros corazones tenemos la posibilidad de afectar el mundo tal como lo conocemos. Porque somos co-creadores y lo hemos sido toda nuestra vida. Nuestra responsabilidad es ser lo que queremos ver como manifestación de nuestra práctica, de nuestros pensamientos y de nuestros actos. La dicha y alegría es construida con verdad, voluntad y aceptación, conteniendo todo esto con coraje. ¿Qué es lo que queremos si nada ni nadie nos puede liberar excepto nosotros mismos?

Es un hecho que ya sea cualquier cosa que nos traiga a una práctica diaria, sea dolor o vanidad, al mirarnos nuestra cara a diario la transformación ocurrirá en algún tiempo, estando cada vez mas presente en el proceso.

Son estos tiempos desafiantes los que me inspiran a compartir estos pensamientos con esperanza de que aceleren nuestros procesos de despertar.

Debemos permanecer vigilantes en nuestra practica y en nuestra vida diaria, éste es un punto de cambio en todas la vidas y todos somos útiles en el cambio que va a venir o no. Los Budistas dicen que ésta vida es como una ilusión; no dicen que es una ilusión; es muy hermosa para no vivirla en apreciación y con el conocimiento de que todos hacemos la diferencia.

Namaste

traducido por Francisco San Miguel

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